- Llama a conciliar el desarrollo con la conservación del medio ambiente
Ciudad de México.- En un contexto marcado por crecientes desafíos ambientales y tensiones en territorios clave del país, el Gobierno de México, a través de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales, llevó a cabo la entrega del Premio al Mérito Ecológico 2024 – 2025, la distinción ambiental más importante del país.
El evento fue encabezado por la titular de la dependencia, Alicia Bárcena Ibarra, quien destacó que “el cuidado de la naturaleza es un componente fundamental de la revolución de las conciencias de México”, subrayando la urgencia de colocar al medio ambiente en el centro de las decisiones públicas y sociales.
Desde 1993, este reconocimiento visibiliza a personas, organizaciones e instituciones que trabajan por la protección, conservación y restauración del patrimonio natural y biocultural de México. En esta edición, se reconocieron siete trayectorias ejemplares en las categorías: Comunitaria, Educación ambiental (formal y no formal), Investigación, Cultura y comunicación ambiental e Individual.
Un reconocimiento con voz colectiva
En este marco, Daniela Elena Ramírez Cuevas, coordinadora del programa Nuestra Sombrilla Verde de Fundación La Puerta, A.C., recibió el galardón en representación de la organización, con el acompañamiento de Demián Vega, de la Coordinación de Innovación y Relaciones Públicas.
Además, asumió la voz de la cohorte de las y los galardonados, destacando que este reconocimiento trasciende lo individual:
“Hoy nos reúne una convicción común: construir un futuro donde el desarrollo y la naturaleza no se alejan, sino que corren en el mismo cauce; donde la justicia social y la justicia ambiental sean una misma justicia. Durante su intervención, enfatizó que el momento actual exige una responsabilidad compartida y cotidiana frente a la crisis ambiental:
“El cuidado del medio ambiente no es una tarea aislada ni lejana, sino profundamente humana.”
Trayectorias que sostienen la vida.
El Premio al Mérito Ecológico también reconoció a diversas iniciativas que reflejan la amplitud del trabajo ambiental en México:
El Centro de Experimentación para el Desarrollo Comunitario Tzeltal, A.C., por su labor en comunidades indígenas de Chiapas, donde ha fortalecido la seguridad alimentaria, la economía local y el tejido social mediante prácticas agroecológicas que integran saberes ancestrales.
La Universidad Politécnica de Tlaxcala, por su compromiso con la educación ambiental formal, formando profesionales con una visión ética y sustentable que integra innovación tecnológica y responsabilidad social.
El Grupo Ecologista Guardianes del Ehécatl y Sierra de Guadalupe, A.C., por su trabajo en restauración ecológica, protección de la biodiversidad y educación comunitaria, demostrando el poder de la participación ciudadana organizada.
El entomólogo Roberto Gonzalo de la Maza Elvira, cuya trayectoria de más de cinco décadas ha sido fundamental en la conservación de la biodiversidad en México y en el establecimiento de Áreas Naturales Protegidas.
Los investigadores Octavio García Valladares y Wilfrido Rivera Gómez Franco, por sus aportaciones al desarrollo de tecnologías basadas en energía solar, que representan soluciones concretas para mejorar la calidad de vida, especialmente en comunidades vulnerables.
Estas trayectorias, diversas en enfoque pero unidas en propósito, representan —como se destacó durante el evento— una esperanza activa, construida desde el territorio, la ciencia, la educación y la acción colectiva.
Fundación La Puerta: sembrar conciencia desde el territorio
En la categoría de cultura y comunicación ambiental, Fundación La Puerta, A.C. fue reconocida por su labor de cerca de cinco décadas durante las cuales ha impulsado programas de educación ambiental, ejercicios de participación comunitaria, rescate de cultura y tradiciones, espacios de recreación y convivencia en armonía con la naturaleza, desde el único Pueblo Mágico en la frontera norte de México, Tecate, Baja California.
“No podemos defender lo que no amamos, y no podemos amar lo que no conocemos.” Este principio ha guiado su trabajo para acercar a niñas, niños, jóvenes y adultos a su entorno natural, fortaleciendo el sentido de pertenencia y la acción colectiva.
Análisis frente fragmentación del patrimonio: diplomacia binacional
El reconocimiento se da en un momento particularmente sensible para la región fronteriza. En el día de la entrega del reconocimiento, justamente se llevaba a cabo la 6ta detonación con dinamita en las faldas del Cerro Cuchumá —montaña sagrada del pueblo Kumiai— como parte de la construcción de infraestructura de seguridad de Estados Unidos de América en la frontera con México, afectando un monolito de aproximadamente 35 metros, del periodo cretáceo (alrededor de 60 a 120 millones de años de antigüedad) una zona de alto valor ambiental y cultural.
Este hecho pone en evidencia la falta de conciliación entre modelos de desarrollo y la conservación del patrimonio biocultural; la soberanía nacional y la defensa de las fronteras deben garantizarse sin comprometer la protección de las áreas naturales y los territorios de importancia cultural para las comunidades indígenas. Esto, ha generado gran preocupación y movilización de ciudadanos, académicos, colectivos y organizaciones que llaman a la protección y defensa de este espacio sagrado.
En ese sentido, el mensaje de Daniela Ramírez resonó con especial fuerza “El desarrollo no debe implicar la destrucción de los entornos naturales ni la fragmentación del paisaje.”
Añadió, “El medio ambiente no reconoce fronteras. Nos une, nos vincula y también nos necesita.”
Más allá del reconocimiento: una responsabilidad compartida, Lejos de concebirse como un punto de llegada, el Premio al Mérito Ecológico se posiciona como un punto de encuentro entre quienes impulsan soluciones frente a la crisis ambiental.