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Nacional / Internacioal

OFICIOS Y ARTIFICIOS: MERETRIZ

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maria 3María.  

Luego de tanto esperar María salió con vestidito morado, escuché del cuarto que dejaba tras de sí el llanto de su hija que tiene dos años, ella tiene veintitrés y es lo que vulgarmente señalamos  como puta. María prefiere calificarse como Dama de Compañía: “se oye más elegante” dice, y me ilustra sobre las diferentes acepciones para nombrar su oficio: “en Chile, Colombia, Veracruz y lugares así les dicen Pre-pago, aquí no se usa mucho, luego también está el de Meretriz, que aparece en las solicitudes”.

María habla de su pasado quitada de la pena. Sentada en la silla de barra comienza su relato, expresa su memoria: “Viví en Guadalajara… la Calle de los Naranjos… no fui hija deseada… mi mamá me quitó a mi papá… tuve problemas con mi padrastro…  nunca hubo penetración… me tocaba, me enseñaba cosas, pornografía… le creyó más a él… me fui de la casa… me vine a la frontera… mi primer embarazo a los catorce… me alivié un día antes de cumplir quince”. Así lo cuenta, como descubriendo a un personaje de Lo Que Callamos Las Mujeres, aunque sin lágrimas; imagino que no llora porque antepone al dolor del recuerdo el aprendizaje.

Es Dama de Compañía debido a una razón que “tú dirás bien tonta” dijo ella. Para vengarse de su primer marido decidió estrenarse en el oficio y comenzar en un billar: “fue para darle en su ego, se la pasaba en este tipo de lugares Él, apostaba mucho Él, y no me creyó cuando le dije que ya trabajaba en esto, no estábamos juntos ¿verdad?, cuando tienes cierta relación en la que ya no se puede hacer algo vienen los gritos, los insultos, luego los golpes y nuestro hijo estaba creciendo, viendo cosas”.  En Tijuana, María tuvo a su primer hijo, su primer desengaño, su primer empleo, el primer cliente.

Su trabajo indica que a cambio de dinero se da sexo. Raro el hombre que busca una simple charla y unos tragos nada más, “si los hay” dice María “pero son raros, casi todos buscan eso”; hay clientes difíciles que gustan de las drogas, hay escenas vergonzosas donde actúan conocidos, hay situaciones peligrosas que involucran armas, en su chamba hay de todo. “De repente es bonito y además ganas dinero, lo malo es que no es bien visto por la sociedad, pero las personas se equivocan, hay mujeres que no trabajan en esto, que son casadas y son peores” fue la sentencia de María, después indicó que para hacer rendir el dinero no hay que tener vicios, pensar bien el gasto y recordar que no siempre ganarás cien dólares en una noche.

Las penas de su oficio son varias. Los desvelos, la juventud que pronto se va, la salud, separar cuestiones personales y laborales; difícil no mezclarse con un buen hombre que resulte un buen cliente y un buen amante: “me ha tocado ser la amante de hombres casados, importantes, y me digo ¿cómo es posible que busquen lo que, se supone, tienen en su casa?”. La teoría dicta que de las puertas acá, es trabajo, y de las puertas allá, es vida propia, pero la realidad contradice algunas veces.

María puede ser nombrada, buscada, gozada y aborrecida, trabaja para todo público, es niña olvidada, madre que trabaja y mujer de calle. Quizá algún día cambie su profesión, porque no quiere llegar a los cuarenta sin haber hecho “algo” con su vida. Quizá termine la secundaria, la prepa y sea Veterinaria. Quizá prefiera llamarse de otra forma en este texto pero le advertí que cambiaría su apodo.  (1 DE 5).

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LC. Samantha Ortega Flores. 

Fotoreportera Independiente y Profesora por Asignatura en UABC.

[email protected]

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