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Opinión

LA OBRA TEATRAL MÁS BANAL Y PELIGROSA

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Plaza Cívica

Baja california.- La comida en Palacio Nacional habrá sido apetitosa para los presentes, pero terminará por tener un amargo sabor para la población. El teatro presenciado es una viva representación de muchos de los males del actual gobierno y muchos otros del país. Si con el chocolate rememoramos el mundo prehispánico y nuestras raíces indígenas, con los chiles en nogada los Tratados de Córdoba y la independencia nacional, y con los burritos el levantamiento popular y la Revolución Mexicana, el tamal de chipilín quedará invariablemente relacionado con los nocivos lazos económico-políticos y la banalidad de la llamada “Cuarta Transformación”.

El menú fue “austero, pero suculento: tamalitos de chipilín con chocolate” dijo Andrés Manuel López Obrador. Los grandes empresarios recibieron austeridad pero suculencia con un platillo típico de las tierras del sureste mexicano, y la población mexicana recibe austeridad con un Estado que se aprieta el cinturón hasta la inanición, y suculencia con la locuacidad y ocurrencias de su jefe de Estado.

El “pase de charola” sigue vivito y coleando. Esas tres palabras nos traen a mente el régimen autoritario priista, el contubernio entre el poder económico y político, y ahora, nuestra incapacidad para sacudirnos ese legado. Carlos Salinas de Gortari propulsó la tradición política para apoyar la campaña política de Luis Donaldo Colosio y Vicente Fox la intensificó para respaldar la fundación de Martita “Vamos México”. Al menos Felipe Calderón y Enrique Peña no fueron tan descarados. AMLO continúa con la tradición abiertamente, seguro de las mayorías legislativas y la popularidad que lo cobijan. Para colmo, en su defensa sale el presidente del Consejo Coordinador Empresarial (CCE), Carlos Salazar: “Celebro que lo hayan hecho a la luz del día, que todo mundo este enterado. Estas reunones ya se habían hecho en el pasado, y siempre en lo oscurito…”. Claro, porque si uno roba a luz del día es legal, pero si lo hace en la oscuridad de la noche resulta ilegal.

El presidente de la República se ha convertido en un recolector de limosnas. En el mundo religioso la limosna representa una ayuda voluntaria hacia los hombres de Dios y respaldada en las Sagradas Escrituras. En el mundo político la limosna no tiene razón de ser sino solo los impuestos involuntarios y coercibles, porque de ellos depende la sobrevivencia y el funcionamiento del Estado. El Estado mexicano solo recaudó durante 2018 en ingresos tributarios el 16.1% del PIB, mientras que los países de la OCDE recaudaron en promedio 34.2%, y América Latina 22.4%. Esa es una de las razones fundamentales del atraso en el sector salud y el sufrimiento de millones de familias mexicanas. Por el poder alcanzado, AMLO tiene la oportunidad única de impulsar una reforma tributaria amplia que fortalezca al país, pero en vez de eso ha decidido reunir a los empresarios del país para mendigarles dinero.

O tal vez el presidente de la República se ha convertido no en un limosnero sino en el jefe de Estado con mano de hierro, por decir lo menos. Detrás de esa comida se encontraba la carta compromiso para donar 20, 50, 100 o 200 millones de pesos, pero detrás de esa carta se encuentra el poder presidencial respaldado por la ampliación de la prisión preventiva, la ley de extinción de dominio para delitos fiscales, y una Unidad de Inteligencia Financiera (UIF) que ha sido utilizada para chantajear a servidores públicos. Y claro, del otro lado están las largas colas de muchos: mejor una “limosna involuntaria” que el SAT.

Aunque no se anunció, de postre hubo atole con dedo. Mientras el país pasa por una severa crisis de inseguridad, mientras se expanden los programas clientelares, mientras el combate a la corrupción resulta una pantomima, mientras la economía se contrae, mientras se declara la muerte de la mafia del poder para darle paso a una nueva… se abren las cortinas y se presenta la venta-no-venta del avión presidencial. La obra teatral más banal que he visto en mi vida, y también la más peligrosa, porque en esta obra, el país está de por medio. www.plaza-civica.com @FernandoNGE

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