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LA ESTABILIDAD POLÍTICA DEL PASADO ES COSA DEL PASADO

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Estamos ante un parteaguas político histórico, reflejado en la situación de los partidos políticos en el mundo. En las democracias, los partidos tradicionales sucumben ante organizaciones políticas de corte nacionalista y autoritario. En las autocracias, los partidos únicos o hegemónicos se fortalecen, desechando la predicción de su resquebrajamiento. Y en México, Morena se instala como partido dominante después de las elecciones de junio de 2022. En un mundo cambiante, la democracia parece perder su brillo, con consecuencias evidentes para la política exterior.

La política internacional se vuelve cada vez más “multipolar” y “multicivilizacional”.

Surgen diversas potencias regionales, distintos centros de poder mundiales y las diferencias culturas se acentúan. Muchas naciones del mundo no absorben la cultura Occidental ni se alinean a Occidente sino, al contrario, claman su singularidad. He ahí la predicción central de Samuel P. Huntington en su libro “El Choque de las Civilizaciones”: aumentará la competencia internacional, Occidente dejará de ser el
centro del mundo y, por primera vez en la historia, las civilizaciones estarán en estrecho contacto unas con otras.

Si la democracia y el liberalismo eran el gran proyecto de Occidente para el mundo, el ocaso de Occidente hace que pierdan fuerza. Desde 2017 avanzan el nacionalismo y autoritarismo, de acuerdo a Freedom House. Rusia no se democratiza, sino que regresa a sus orígenes autocráticos. China continúa con su partido único, y su presencia solo incrementa en la vida política y económica del país.

El partido nacionalista indio, Bharatiya Janata Party, se convierte en el partido hegemónico del subcontinente. En las Filipinas asume el poder el hijo del fallecido dictador Ferdinand Marcos con un discurso nacionalista. En Estados Unidos Trump se convierte en un serio contendiente para la elección de 2024. Y así en Hungría, Polonia, Turquía, Venezuela, Nicaragua, etc.

En México, un nuevo partido de corte popular y nacionalista, con un líder autoritario y polarizador, obtiene mayorías importantes en el Congreso de la Unión, 22 gubernaturas e innumerables municipios a lo largo y ancho del país.

Con estos partidos políticos en el poder, la política exterior se desenvuelve e intensifica. Rusia ataca Ucrania como requisito indispensable para llevar a cabo su proyecto imperial. China se almuerza la democracia en Hong-Kong, desea incorporar la isla de Taiwán, expulsar a los Estados Unidos del Pacífico y regresar al antiguo esquema de vasallaje en Asia.

El nacionalismo indio pone al hinduismo en el centro de su vida política, con las culturas del islam, el cristianismo y secularismo occidentales como amenazas para su vida. Estados Unidos cuestiona su multiculturalismo, desea recuperar sus raíces europeas y lleva al poder a un presidente de extrema-derecha. Y el presidente mexicano siente más simpatías por el autoritarismo americano que por su presidente demócrata, desecha la Cumbre de las Américas por defender las tres autocracias del continente y, en el transcurso, ayuda indirectamente a Trump a llegar al poder.

Lo que sucede en México ocurre en una medida importante en el mundo: partidos nacionalistas y de tufo autoritario que llegan al poder de manera avasallante. Morena no es el PRI, aunque sí riman mucho: autoritarios, antiamericanos, procubanos, aislacionistas, nacionalistas. La estabilidad política de antaño, en México y el mundo, son cosa del pasado.

Entramos a un nuevo mundo o, tal vez, al de siempre.

@FernandoNGE

Fernando Núñez de la Garza Evia

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