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JUAN-A

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cuerpo entero 1Quizá la palabra más exacta para designar la compañía sexual entre homosexuales (masculinos) bajo un marco socioeconómico específico se remonte a la antigua Grecia, cuando era sinónimo de poder caminar públicamente con un: erómeno. La palabra Meretriz pudiera ser exclusivo para el género femenino, aquí lo tomaremos para definir simplemente al intercambio de sexo por dinero, siendo así, en este cachito de la red, cabe la historia de Juan-a.

La historia de Juan-a comienza en cualquier primaria de Tecate. Cursaba quinto grado cuando por primera vez pudo sentirse “niña” eróticamente; ya percibía en sus emociones un gusto por los varones, más nunca hasta ese momento se había pinteado la escuela con el niño equis para tocarse en medio de un confidente parque. Tras la primera experiencia sexual entraría a su pubertad y con ella afirmaría su forma de caminar, su modo de hablar, vestir, su preferencia homosexual; se fue transformando ante los ojos de su padre y madre quienes nunca preguntaron nada, simplemente aceptaron,  “lo que no saben es que me prostituyo” afirmó.

Una buena noche le ha dejado mil quinientos pesos, una mala noche cien pesos. Las tarifas  varían según pida el cliente, si le toca el papel de activo el servicio cuesta más, los mejores días para obtener paga son viernes y sábados, “aunque hay uno que otro viejo lobo que te marca el lunes temprano”, si la agenda matutina de Juan-a permite acudir a la cita de los lunes el precio es “normal”, si tiene cosas que hacer la tarifa sube. Para evitar las ETS usa condón, “si lo he hecho sin condón pero cuesta más también”. Cualquier detalle al gusto del cliente puede significar más dinero.

Asegura que a “ellas” no les piden “tarjetón” los municipales, quizá porque su oficio de meretriz no es oficial sino que es su segundo empleo, tiene otro uno moralmente muy aceptado por la sociedad y que se practica a la luz del sol. “Me vendo si la situación se presta, hay veces que voy caminando y me dicen cosas… si veo que le puedo sacar algo lo enredo… yo soy pago por evento”. En opinión de Juan-a su comunidad (LBG) gana más en este negocio “yo tengo amigas teiboleras en Tijuana, mujeres que ganan bien poquito a comparación de un gay, sinceramente”.

Existen diversas clasificaciones para este oficio dentro de su comunidad. Travesti es el hombre que se viste de mujer; transgénero es quien se opera partes del cuerpo, se inyecta hormonas, aceites; las buchonas “andan de novias” describe Juan-a, son aquellas que no se visten ni se operan, sin embargo, al caminar se les nota lo meneado, digámoslo así.

Por otro lado, al sur de la república el segundo trabajo de Juan-a es mejor pagado. La zona fronteriza tiene fama de rica, pero en su jale hay excepción, una noche en la Ciudad de México puede representar hasta veinte mil pesos; cuesta evadir las drogas, el narcotráfico, la violencia y el peligro de las calles salir bien librado(a) y con fructífero dinero. Cuando vio la situación al sur del país Juan-a mejor se regresó a Tecate y de vez en cuando visita Tijuana y Ensenada, “aunque el otro día me tocó pagar a mí, porque dije huy ése está bueno” confesó.

samLC. Samantha Ortega Flores. 

Fotoreportera Independiente y Profesora por Asignatura en UABC.

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