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Opinión

¿LA INCUBACIÓN DE UN POPULISMO DE DERECHA?

Publicado

en

Plaza Cívica

Baja California.- La tercera ley de Newton establece que cuando un objeto ejerce fuerza contra otro, este último ejercerá una fuerza de igual proporción y en sentido contrario. Ciertamente la física no tiene una aplicación cabal en las relaciones humanas, pero resulta indudable que toda acción humana genera una reacción. Y en este sentido, preocupa que las desacertadas políticas y duras palabras del presidente de la República pudiesen estar incubando una reacción que en un futuro podría ser de igual magnitud, o peor aún, que las acciones del presidente.

Nada se produce en el vacío y menos aún los acontecimientos políticos. El actual fenómeno lopezobradorista ha sido producto del fracaso de políticas públicas en temas mayúsculos, del alejamiento de la clase política de la población, de la consiguiente desconfianza en las instituciones y los políticos, y finalmente de una apatía popular que más temprano que tarde iba a reclamar su lugar en, precisamente, un régimen democrático. Transcurrimos así del desencanto con una democracia representativa sin resultados al encanto con la promesa de una democracia popular con resultados rápidos bajo la figura de un líder carismático. Sin embargo, si en Brasil recientemente llegó un gobierno populista de derecha teniendo inclusive como antecedente el buen gobierno de Lula da Silva, en México se vaticinaría una incubación populista de derecha bajo el actual gobierno de la República.

El miedo del arribo de un populismo de izquierda con Lula estuvo claramente equivocado. El ex-presidente brasileño (2003 – 2010) tuvo la capacidad de formar coaliciones de gobierno (negociaba con otras fuerzas políticas), cortejó en repetidas ocasiones a líderes empresariales (impulsó la entrada de capital privado a Petrobras), hizo uso de un lenguaje político civilizado y en ocasiones popular (se vale), e implementó programas sociales reconocidos internacionalmente que sacaron de la pobreza a 20 millones de brasileños (Bolsa Família). Sin embargo, transcurridos ocho

años desde su gobierno y debido a diversas eventos como contracciones económicas y una corrupción rampante ha llegado al poder, ahora sí, un populismo de derecha con Jair Bolsonaro.

Los contrastes entre el gobierno institucional de izquierda de Lula y el gobierno populista de izquierda de AMLO son mayúsculos. López Obrador se ha embravecido ante la debilidad de la oposición y muestra poca disposición al diálogo, ha hecho su lista personal de empresarios buenos y malos favoreciendo a los primeros con contratos gubernamentales y defenestrado a los segundos, hace uso de un lenguaje agresivo y señalamientos virulentos, se ha opuesto a la entrada de capital privado al mercado de energía, y sus programas sociales son altamente clientelares. Lo anterior sin mencionar que el Brasil de Lula tuvo altas tasas de crecimiento económico y ausencia de problemas migratorios, mientras que el México de hoy se enfrentará a una coyuntura económica difícil y una situación migratoria problemática.

La reciente “Marcha del Silencio”, aunque comprensiblemente pequeña por los altos índices de popularidad del presidente, resulta no obstante interesante en este sentido. Por una parte, tuvo una lado benigno observable en la participación política ciudadana, las legítimas quejas contra un lenguaje presidencial que tiende a denigrar, y demandas para corregir políticas públicas, entre otros. Sin embargo, también tuvo un lado preocupante advertido en algunas demandas para que el presidente renunciara, gritos que exclamaban “fuera”, y la intromisión de los ex-presidentes Vicente Fox y Felipe Calderón. Todo lo anterior a solo cinco meses de gobierno.

Un entorno económico exterior desfavorable, políticas públicas contraproducentes y el uso de un lenguaje de guerra por parte del presidente de la República (“enemigos”) no son señales favorables hacia el futuro, y menos aún tomando en cuenta la reciente experiencia brasileña. El presidente puede estar cayendo en la trampa de la profecía auto-cumplida: no hay enemigos, pero los está creando. Y una política súper-polarizada sería, ahí sí, un enemigo para el país.

www.plaza-civica.com @FernandoNGE

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