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Opinión

LA RAE INCLUYE LA PALABRA SORORIDAD EN SU DICCIONARIO

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En la época del MeToo y la revolución feminista, la Real Academia Española ha decidido incorporar en su diccionario digital casi 750 términos, entre ellos, sororidad: agrupación que se forma por la amistad y reciprocidad entre mujeres que comparten el mismo ideal y trabajan por alcanzar un mismo objetivo. Precisamente, ‘sororitat’ fue elegida, con el 32,6% de los votos a favor, la palabra más importante del 2018 en una iniciativa impulsada por quinto año por el Observatorio de Neología de la Universitat Pompeu Fabra (UPF) y el Institut d’Estudis Catalans (IEC) en la que participaron más de 5.500 personas.

El diccionario de la RAE también incorpora una enmienda de acepción según la cual el feminicidio es “el asesinato de una mujer a manos de un hombre por machismo o misoginia”.

Meme, escrache y viral
La académica responsale del diccionario, Paz Battaner, y el director en funciones de la institución, Darío Villanueva, han presentado en Madrid las novedades del diccionario. Además de sororidad, la RAE incluye otros términos, como meme (una imagen, vídeo o texto por lo general distorsionado con fines caricaturescos, que se difunde principalmente a través de internet), selfi (autofoto), escrache (manifestación popular de protesta contra una persona, generalmente del ámbito de la política o de la Administración, que se realiza frente a su domicilio o en algún lugar público al que deba concurrir) y viralizar (referida a un mensaje o contenido que se difunde con gran rapidez a través de las redes sociales). También se incorporan anglicismos puros como ‘feedback’, que deberá ser escrito en cursiva y que se define como retroalimentación o retorno en su acepción tecnológica.

En total, se han incorporado este año al diccionario un total de 2.451 modificaciones. De ellas, 748 son adiciones, 1.680 enmiendas y 23 supresiones, frente a los 3.345 cambios producidos el pasado año, un descenso que, según Villanueva, se debe a que en diciembre de 2017 se presentaron las modificaciones de dos años de trabajo de los académicos.

Influencia de la prensa
Aunque la palabra escrache comenzó a utilizarse hace años no ha sido hasta ahora cuando se ha recogido en el diccionario, ha explicado Battaner haciendo hincapié en la influencia de los medios de comunicación en los cambios que experimenta la lengua. Mientras, el término humo tiene una nueva acepción, la de cosa o hecho sin entidad o relevancia, que puede añadirse a la palabra vender para definir aquella acción de “tratar de convencer con palabras o argumentos carentes de sentido”.

Entre los tecnicismos, ha explicado Battaner, aparece ISO referida al sistema de regulación de calidad. Y, entre los americanismos, ha destacado la palabra ñeco, para referirse a una persona que ha perdido un brazo o una mano. Respecto a estas consultas, Villanueva ha indicado que es una “leyenda urbana” que la RAE acepte ‘cocreta’ y ha garantizado que nunca lo hará. Precisamente ‘cocreta’ es la segunda palabra (de las no incluidas en el diccionario del español) más búscadas por los usuarios de internet, con más de 96.000 consultas en la plataforma de servicios lingüísticos de Enclave-RAE.

Opinión

LOS RASGOS CONSERVADORES DE LÓPEZ OBRADOR

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Plaza Cívica

Baja California.- Ser “conservador” no es ser “malo”, aunque en México así tendemos a relacionarlo por comprensibles razones históricas. Nuestro presidente es propenso a hacer esa simple y engañosa correlación, utilizándola como arma para denostar a sus opositores políticos. Sin embargo, la idiosincrasia de Andrés Manuel López Obrador es, en una medida importante, conservadora. Y comprender este rasgo de su personalidad nos podría ayudar a discernir de mejor manera su persona, algunas de sus políticas públicas, y ciertamente algunas de sus fallas.

El conservadurismo del presidente de la República está relacionado tanto con el conservadurismo europeo como con el norteamericano. Los tres tienen como común denominador el acento en la importancia de la familia como núcleo de la sociedad, el mundo cristiano como raíz de los valores sociales, un especial hincapié en mantener las tradiciones y costumbres colectivas, la historia nacional como fuente de inspiración política, y la consideración por la autoridad y jerarquía. Vaya, mucho puede cambiar pero, para los conservadores, hay ciertas cosas que deben de, valga la redundancia, conservarse.

Sin embargo, partiendo de esa importante base común, los tradicionales partidos conservadores europeos y el longevo Partido Republicano estadounidense tienen una diferencia fundamental: el papel que juega el Estado en el país. Mientras que los primeros le otorgan un papel central, observable en mayores tasas recaudatorias, más gasto social y considerables facultades regulatorias (el famoso “Estado de bienestar”), los segundos le conceden un rol residual y le otorgan mayor predominio al mercado. Los primeros tienden a ser más comunitarios y pertenecen a un conservadurismo tradicional, los segundos se inclinan más hacia el individuo y su conservadurismo es más bien liberal.

En este sentido, el conservadurismo de López Obrador se encuentra más apegado al europeo que al norteamericano, es decir, con una vocación más estatista, aunque los parecidos son mayores aún: muchos de los partidos conservadores europeos tienen siglas asociadas al cristianismo, y el acrónimo de MORENA nos recuerda a la “Virgen Morena” (creer que es mera coincidencia es simple ingenuidad); diversas naciones europeas avanzadas tienen déficits de estancias infantiles con el fin de incentivar el rol tradicional de la mujer en casa, lo que nos recuerda la absurda terminación del “Programa de Estancias Infantiles” con, muy probablemente, el mismo fin; diversos partidos conservadores europeos han adoptado una posición contraria o ambigua respecto de los derechos LGBTTI, siendo cabalmente esa la historia de AMLO al respecto; y si las fuerzas armadas han estado íntimamente asociadas a los partidos conservadores (De Gaulle en Francia, Churchill en Gran Bretaña, Bismarck en Alemania), la deferencia de AMLO hacia nuestras Fuerzas Armadas se inserta en esa misma historia: los militares como representantes de las más elevadas virtudes de la nación (son “el pueblo mismo en uniforme”).

Aún así, hay una gran diferencia entre el conservadurismo tradicional europeo y aquél de López Obrador: mientras que los primeros consideran las vías institucionales como las únicas legítimas para llevar a cabo cambios políticos, y hay un claro respeto por la ley, AMLO tiene una marcada denostación por las instituciones públicas (y privadas), y una alergia a las normas establecidas. Lo anterior por considerar a éstas producto de las élites y, por lo tanto, un tanto inservibles. Por ello, la concentración del poder en su persona, y el establecimiento de un vínculo directo con la población. Esas idiosincrasias quedaron largamente atrás, inclusive, en la izquierda europea.

El presidente de la República querrá un Estado de bienestar, pero las políticas que está persiguiendo realmente están debilitando al aún endeble Estado mexicano. Y un Estado de bienestar pasa, necesariamente, por la construcción de un Estado fuerte, y democrático.

www.plaza-civica.com @FernandoNGE

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TRANSFORMACIÓN DE CUARTA

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LEER ENTRE LÍNEAS

Por Francisco Ruiz
Tijuana, Baja California.- En días pasados, junto a mis alumnos de preparatoria, analizamos el periodo denominado “Expansionismo alemán”, el cual se desarrolló durante la primera mitad del siglo XX, justo después del fin de la Gran Guerra. Dicha etapa consistió en una carrera armamentista encabezada por Adolfo Hitler, aquel joven que se inició en la política como vigilante de las juntas de un grupo de oposición que se reunía en una taberna. En un breve plazo, Hitler se
consolidó como un gran orador y mutiló su bigote para crear una imagen que lo identificara, un distintivo muy personal -como una guayabera o un “gallito”-.
Su mensaje nacionalista endulzó a los suficientes oídos alemanes como para multiplicar su ideología xenófoba. De la palestra pasó a la difusión de sus ideas en el periódico nazi. Dirigente de partido, diseñador del insustituible logotipo rojinegro, canciller de Alemania, fundador del Tercer Reich -imperio-, y causante de la Segunda Guerra Mundial. Hitler pasó de ser artista frustrado a Führer mesiánico, un “redentor” aclamado por las eufóricas masas.

Con una estrategia altamente efectiva, Hitler se introdujo sutilmente en la mente de sus simpatizantes, logrando que el fanatismo incitara a la intolerancia, la represión y la fantasía. La visión distorsionada y sus catastróficas consecuencias conmocionaron a mis alumnos.
En lo personal, es una etapa histórica que me indigna, pero lo que realmente me escandaliza es que mucha gente lo percibe un suceso aislado, ajeno y muy lejano.
En cierta ocasión, se le preguntó a un político mexicano cómo se aprende a ser presidente, a lo que éste respondió: “pues, ¡siendo presidente!”. La anécdota se la han atribuido a varios, por ello lo dejaré como anónimo. Viene al caso porque pareciera que López Obrador también está aprendiendo y, en sus primeras lecciones, no lleva la mejor calificación. Espero que esta vez no demore 14 años.
En los primeros saldos de su gobierno -incluido su “pregobierno”-, canceló el aeropuerto de Texcoco y provocó la devaluación de nuestra moneda con una “consulta popular”, a todas luces cuestionable; esto por citar tan sólo un ejemplo.
¿Por qué lo menciono? Pues, porque recientemente ha anunciado un nuevo ejercicio, esta vez sí será oficial y legal, es decir, deberá pasar por las manos del INE. Antes de ello, declaró públicamente que acatará el resultado, no sin antes
asegurarse de girar la instrucción correspondiente a sus adoctrinados.
En la década de 1930, Hitler acumuló y personalizó el poder debido a la ausencia de un equilibrio político, el cual se alcanza mediante un sistema de pesos y contrapesos, en donde las fuerzas de oposición juegan un papel fundamental y
determinante. Para ello, la preeminencia de la pluralidad es vital ya que, además de sano, es sumamente necesario para vivir verdaderamente en democracia; de lo contrario, en lugar de la cuarta transformación, tendremos una transformación de cuarta.

Post Scriptum. “Alguien dijo que la historia no se repetía, yo creo que se equivocó, la historia se repite. Hay, desde luego cambios, matices, pero al final de cuentas, es la lucha de siempre”, AMLO.

* El autor es analista político, consultor, catedrático y escritor.

CONTACTO:
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EL REGRESO DEL CÉSAR

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Plaza Cívica

Baja California.- El César pretende retornar a México. Andrés Manuel López Obrador avanza en su afán de aglutinar poder, y el cesarismo asoma su cabeza. El propósito es eliminar los contrapesos institucionales, concentrar el mayor poder en la presidencia y ejecutar de la manera más puramente posible la agenda política personal. La celeridad es sorprendente, la resistencia de los contrapesos institucionales incierta y el apoyo popular innegable.

No estamos en la década de los setentas, pero hay un franco intento de regresar a ella. Aunque la tentativa por concentrar poder político en toda democracia es válido dentro de ciertos parámetros (elecciones, cambios constitucionales, nominación de personas un-tanto-afines), la presente administración federal sorprende por el cinismo con el que lo hace en claro detrimento de los contrapesos institucionales y el Estado mexicano mismo. Las medidas en este sentido son variadas: despido masivo de cuadros burocráticos para ser sustituidos por cuadros partidistas (CONACYT, diversas secretarías de estado); recorte presupuestal a entes públicos de la mayor importancia (Poder Judicial, organismos autónomos); cooptación de instituciones a través de la nominación de perfiles partidistas (Suprema Corte de Justicia de la Nación, Comisión Reguladora de Energía); imposición de figuras en los estados con amplísimas facultades (súper-delegados); intento de debilitamiento del gobierno corporativo de PEMEX con el consiguiente aumento del poder en su titular; y finalmente, pero no menos importante, el uso del púlpito presidencial para golpear a figuras que no son del gusto del presidente (el caso reciente de empresarios del ramo energético). Todos los anteriores tienen en común que son contrapesos naturales al poder del Ejecutivo: burocracias profesionales, organismos reguladores autónomos, poderes de la Unión, entidades federativas, empresas productivas del estado, sector empresarial.

Los contrapesos institucionales, y por lo tanto el régimen democrático mismo, se han mantenido a través de diversos mecanismos: controversias constitucionales, acciones de inconstitucionalidad, amparos, participación activa en medios de comunicación, rechazo de iniciativas de ley en el Congreso de la Unión, entre otros. Sin embargo, el poder obtenido por el presidente de la República y su partido es incontestable, y su gran popularidad preocupa ante las políticas planteadas.

Desde hace tiempo existe en el país un coctel preocupante consistente en el desencanto con la democracia y la desconfianza en las instituciones entre la población mexicana. El problema es que ahora hay que agregar otros dos ingredientes: la creciente y enorme popularidad del presidente, y su cesarismo y desdén por los contrapesos institucionales. Recordemos: solo un 38% de los mexicanos apoya la democracia, un 18% dice estar satisfecho con ella y 90% dice que se gobierna para unos cuantos poderosos (Latinobarómetro 2017). Por otra parte, existe una calificación promedio de 6.2 de confianza en las instituciones (escala del 0 al 10). Aquellas instituciones que gozan de “confianza baja” son los partidos políticos, diputados y senadores; en “confianza media” se encuentran la Suprema Corte (SCJN), cadenas de televisión, empresarios, e Instituto Nacional Electoral (INE); y en “confianza alta” están solamente las universidades, Iglesia y Ejército (consulta Mitofsky). ¿A quiénes tiende a golpear más AMLO, y con quiénes tiende a aliarse más? A las menos populares, y con las más populares, respectivamente. Andrés Manuel López Obrador ofrece una verdadera democracia, un gobierno del pueblo, denostación a algunos de los actores más repudiados, y alianza con algunos de los más queridos en México. ¿Despido de burócratas profesionales, ternas con candidatos ineptos a la CRE o atentado contra el gobierno corporativo de PEMEX? ¿Qué es eso? Y entonces, tienes una popularidad presidencial que ronda el 80%.

La población mexicana está, con toda razón, harta. Pero ese hartazgo es sumamente peligroso cuando ha tomado el poder un populista, con toda la intención de concentrar el poder lo más posible y eliminar los contrapesos institucionales lo más rápido. El César ya llegó a México, y muchos siguen sin darse cuenta. www.plaza-civica.com @FernandoNGE

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