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Publicado el: Mar, Dic 12th, 2017

NUESTROS LEGISLADORES SE VISTEN DE SANTA CLAUS

PROQUITECSA

Plaza Cívica
Un diciembre más, y una tomada de pelo más. Nuestros legisladores federales habrán de recibir sus muy jugosas bolsas millonarias para que puedan pasar una muy feliz navidad y próspero año nuevo, en una clara muestra de insensibilidad social. A nuestro Congreso de la Unión no le ha sido posible despojarse de su histórica ]369+*orrupción, y hoy más que nunca, el horno no está para bollos.

Excepto por algunos episodios de luz en la política nacional (la generación liberal de Juárez, por ejemplo), los puestos políticos en México han servido históricamente de botín personal, una manera sutil de saqueo por parte de las élites nacionales. Al terminar la Revolución Mexicana, toda una generación de militares se encontraba ansiosa de recibir su parte después de haber peleado en los campos de batalla. El
Congreso de la Unión se convirtió básicamente en un cofre de tesoros, vacío para el debate y las ideas, pero lleno de dinero público para repartir. Lo anterior lo podemos ver en dos puntos específicos. Primero, Plutarco Elías Calles anuló la reelección en 1933 (siempre había existido) para provocar la circulación de las élites revolucionarias, un tipo de carrusel que paraba para que nuevos miembros de la
llamada “familia revolucionaria” se pudieran subir y recibir su recompensa.

Segundo, el elevado número de comisiones creadas precisamente con la intención de repartir mayor número de dinero a mayor número de personas (si formas parte de una comisión, recibes mayor sueldo y prestaciones). “Si quieres que algo se haga, encárgaselo a una persona; si quieres que algo no se haga, encárgaselo a un comité” dijo alguna vez Napoleón Bonaparte. Pues un informe de la consultora política
Integralia publicado en 2015 concluyó que el Congreso de la Unión mexicano es el que más comisiones ordinarias tiene… en el mundo. Y como si no fuera suficiente, las comisiones ordinarias son opacas e ineficientes: por ejemplo, de las 64 que existen en el Senado de la República, solo 27 entregaron los tres planes de trabajo a que están obligados, 13 solo publicaron dos planes, y 24 solo uno de éstos, violando sus propias normas internas.

El gran problema es que la llegada de la democracia al país provocó el aumento del patrimonialismo en el Congreso de la Unión. De 2000 a 2016, el presupuesto del Congreso pasó de 4 mil a 15 mil millones de pesos, manejando las bancadas mayor dinero sin justificación alguna y, peor aún, sin haber aumentado su transparencia.
También por ello, nuestros diputados federales se han puesto el traje de Santa Claus para auto-regalarse alrededor de 420 mil pesos cada uno y solo en diciembre, producto de su dieta, asistencia legislativa, atención ciudadana, aguinaldo, y gratificación especial. Y, de todos esos oscuros conceptos, ¿a qué se refiere ese de “gratificación especial”? Los legisladores son los únicos servidores públicos, y tal vez los únicos mexicanos, que no pagarán ISR sobre su aguinaldo, por lo que por medio de ese concepto se les abona el impuesto. Y esos son los diputados federales; a los senadores les va aún mejor.

Hoy en día el Congreso de la Unión se ha convertido finalmente en un contrapeso político y centro de debate nacional. Sin embargo, el problema sigue siendo que la sede del poder popular continúa funcionando como un tesoro donde nuestros representantes juegan a ser los piratas; la sede que tiene como facultar reformas las leyes ha sido incapaz de reformarse a sí misma. Por ello, los partidos políticos y el
Congreso de la Unión son algunas de las instituciones que menos confianza generan en la población. La época decembrina será una vez más una gran época para nuestros diputados y senadores, pero no para millones de mexicanos.

Por: Fernando Núñez de la Garza Evia

www.plaza-civica.com @FernandoNGE

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