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Publicado el: Jue, Mar 15th, 2018

AMLO O ANAYA ¿CUAL ES EL CANDIDATO ANTISISTEMA?

PROQUITECSA

Plaza Cívica
Por: Fernando Núńez de la Garza Evia
www.plaza-civica.com @FernandoNGE
Es el tiempo de los candidatos antisistema. Ya sea por estancamiento económico, crecientes desigualdades o descontroladas inmigraciones, el enojo en muchos países está siendo canalizado a través del voto por candidatos que están dispuestos a romper las reglas políticas. Ésa es la película que vemos en Occidente, y ésa es la película que se está desarrollando en México. Y lo anterior puede ser muy perjudicial, o muy
constructivo.

“Sistema”, definido por la Real Academia Española como “conjunto de reglas o principios sobre una materia racionalmente enlazados entre sí”. El sistema político mexicano aún tiene reglas y principios dañinos (la politización del aparato de persecución criminal como regla, el pacto de impunidad como principio, por ejemplo), cuya racionalidad ha sido inclinarse hacia los ricos y poderosos. La democracia prometió un cambio tangible desde el año 2000, y vaya descontento. Sin duda existen avances importantes, pero queda claro que si aún tenemos los mismos niveles de pobreza y desigualdad, con el incremento en inseguridad y corrupción, entonces el sistema es básicamente el mismo. Y si le agregamos una presente administración federal con sus raíces en Atlacomulco… pues ahora sí, es tiempo de candidatos antisistema. José Antonio Meade Kuribreña es claramente el candidato del sistema,  Andrés Manuel López Obrador y Ricardo Anaya Cortés son los candidatos antisistema. Sin embargo, proponen romper distintas reglas y principios, y ahí es donde está el quid del asunto.

Andrés Manuel López Obrador es el candidato antisistema por antonomasia: dice no tener cuentas bancarias, propone políticas que van en contra de lo ya sanamente establecido a nivel mundial (quiere que seamos autosuficientes en materia alimentaria, y desaparecer el CISEN, por ejemplo) y desea someter a referéndum las reformas estructurales. En 2006 rompe con el ex-presidente Fox al utilizar éste las instituciones del Estado para perseguirlo políticamente, y rehúsa todo tipo de alianzas para llegar a la Presidencia (inclusive rechaza al Partido Socialdemócrata y su respetada candidata Patricia Mercado, con lo cual hubiera ganado la elección).
Después de 12 años de aquél episodio y justo cuando el sistema político mexicano probablemente está en el apogeo de su corrupción, AMLO analiza ofrecer amnistía a líderes del narcotráfico y a quienes hayan cometido delitos de corrupción, y solo recientemente se pronunció por la autonomía de la Fiscalía, tibiamente. Quiere correctamente reformar la Constitución para hacer más viable el enjuiciamiento del
Presidente, aunque defiende sutilmente a EPN y le hace un guiño.

Ricardo Anaya Cortés tuvo la insensibilidad de realizar una transacción inmobiliaria por 52 millones de pesos en un país que, con fundadas razones, sospecha de los ricos, y más aún de los políticos ricos; la manía panista de ser político y empresario. La historia vivida por AMLO en 2006 se repite con un panista en 2018; llamémosle karma político. Pero a diferencia de AMLO en aquéllos días, Anaya rompe de manera
más constructiva: no llama chachalaca al Presidente, sino se pronuncia por la autonomía de la Fiscalía, y declara su intención de investigar al jefe del Ejecutivo con la ayuda de organismos internacionales (aunque no habla de las pasadas administraciones panistas). Es decir, rompe claramente y por primera vez, el pacto de impunidad a nivel federal.

“El descontento es el primer paso en el progreso de un individuo o una nación” decía Ralph Waldo Emerson. Agregaría que también puede ser el primer paso en dirección al precipicio. AMLO y Ricardo Anaya son ambos candidatos antisistema: el primero más por sus políticas económicas y oposición a las reformas estructurales, el segundo más por el tema específico del combate a la corrupción. Los candidatos antisistema no necesariamente deben de ser nocivos, pero para ello, hay que ver qué reglas son las que quieren romper, y cuáles quieren que permanezcan.

 

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